¿Por qué debes cuidar tu lenguaje?

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Introducción

En este vídeopost te cuento el por qué debes cuidar muy bien las palabras que utilizas, tanto al hablar con los demás como al hablar contigo mismo.
 
Te explicaré cuál es el poder desconocido de las palabras que utilizamos, cómo el vocabulario que utilizas te puede ayudar a suavizar o intensificar emociones y cuáles son los 3 filtros clave que debes aplicar cuando hables o escuches hablar de otra persona.

El Poder Desconocido de las Palabras

Los humanos somos la única especie en la tierra con la capacidad de hablar, tenemos el poder para expresarnos y comunicar aquello que pensamos, sentimos y creemos. 

A través de las palabras, damos a entender a los demás y a nosotros mismos, cuales son nuestras intenciones.

El poder que tiene nuestro lenguaje es dual, es decir, puede utilizarse de forma positiva, mediante una comunicación realizada desde el amor hacia uno mismo, o negativa, donde el miedo y el temor dirigen las palabras que utilizamos.

Una nos libera y la otra nos esclaviza. 

Nos esclavizamos cuando lo utilizamos para hablar mal de los demás, culpar al otro, destruir o reprochar cualquier acción ajena o incluso propia.

Nos liberamos cuando expresamos agradecimiento, gratitud, amor y respeto hacia los demás.

Tenemos que darnos cuenta que la fuerza de las palabras negativas es mucho mayor que la de las positivas y que el efecto que generan, tanto en nosotros mismos como en los demás es muy profundo.

Por ejemplo, si en mi casa siempre me han dicho que soy un despistado o un desorganizado, llega un punto en que mi subconsciente se cree ese mensaje y lo convierte en una creencia. Una creencia que me limita en la forma de comportarme. Así funciona con todo y con todos. 

Cuando una opinión proviene de una persona cercana e importante, emocionalmente hablando, más fuerte es esa creencia. 

Esto ocurre porque se desconoce el poder que tienen las palabras que utilizamos y no nos debemos culpar por ello.  No te culpes por ello. Quédate con el mensaje y aplícalo en tu día a día.

¿Por qué te dices cosas a ti mismo que no le dirías a los demás?
Si cambias tu lenguaje interno puedes cambiar tus pensamientos y la forma en cómo ves la realidad.

El Vocabulario Transformacional

La primera vez que leí sobre este término fue en un libro de Tony Robbins
 
Éste explicaba precisamente el poder que tienen las palabras y el efecto que pueden llegar a tener sobre nuestras emociones y por lo tanto, sobre nuestras acciones, ya que una cosa lleva a la otra. De ahí que se pueda extraer la conclusión que tus resultados dependen del vocabulario que utilizas.
 
¿Te has preguntado alguna vez cómo explicas las cosas que te pasan, las emociones que sientes o los pensamientos que tienes? 
 
Tony Robbins dice que una buena selección de palabras para describir experiencias de nuestras vidas puede aumentar la calidad de nuestras emociones, de manera que si permitimos que esto ocurra al azar, dejamos en manos de la suerte nuestras experiencias vitales.
 
El vocabulario transformacional es aquel que te permite suavizar las emociones negativas y magnificar las emociones positivas. Dentro de este vocabulario, existen las llamadas palabras molde, que son aquellas palabras que se utilizan para describir cualquier sensación sin que necesariamente refleje las experiencia del momento.
 
Con esto no quiero decir que no se puedan ni se deban tener emociones o sensaciones negativas, todo lo contrario. Se trata de darse cuenta de ello y utilizar herramientas para minimizar el dolor y maximizar el placer.
 
Se dice que si una palabra no está en tu vocabulario, no la puedes experimentar. 

Si tu me haces un regalo y no lo acepto, ¿de quién es el regalo? Si tu me lanzas tu "basura emocional" y no la acepto, ¿de quién es la basura emocional?

Los 3 Filtros de Sócrates

Sócrates, entre muchas otras cosas, nos regaló una guía de escucha y comunicación de lo más sencilla y fácil de aplicar. Sirve tanto para el que va a hablar como para el que va a escuchar. 
 
Consiste en 3 filtros que debemos aplicar antes de hablar o escuchar sobre otra persona.
  1. El filtro de la verdad: ¿Cómo de seguro estás de lo que vas a decir? ¿Puedes demostrarlo? ¿Podrías defenderlo ante cualquier persona, incluso ante la persona de la que hablas? ¿Estarías dispuesto a jugarte tu reputación?
  2. El filtro de la bondad: ¿Lo que vas a contar es bueno? ¿Generará emociones y sensaciones positivas?
  3. El filtro de la utilidad: ¿Tiene algún valor aquello que vas a contar? ¿Se puede hacer algo útil con esa información?

La próxima vez que vayas a hablar de otra persona o alguien te quiera contar algo de un amigo o conocido, si no pasa los 3 filtros, deséchalo. 

Ten en cuenta que lo que tu digas de otro, puede contagiar negativamente a las personas que lo escuchen y que todo aquello que escuches y aceptes sin más, puede, inconscientemente, generar una creencia respecto aquella persona dentro de ti.

Si no estás seguro de lo que me vas a contar, no generará ninguna emoción positiva y no se puede hacer nada útil con ello, mejor no me lo cuentes.​

Te Reto a que lo Pongas en Práctica

  1. Comparte el artículo, así más gente sabrá del poder desconocido de las palabras
  2. Cambio de palabras:
    • Sustituye 3 palabras que expresen emociones o sensaciones negativas por 3  palabras que lo expresen de forma más suave.
    • Sustituye 3 palabras que expresen emociones o sensaciones positivas por 3 palabras que lo expresen de forma más intensa.
  3. Aplica los 3 filtros de Sócrates cuando vayas a hablar de otra persona o estés a punto de escuchar una crítica por parte de otro.

Mensaje Final

El vocabulario que utilizas y las palabras que usas son un buen indicador de tu nivel de autoestima. Cuanto más te quieres y te respetas a ti mismo, más lo demuestran tus palabras y mejor te comunicas contigo mismo y con los de tu alrededor. 

Norman Cousins detectó, a través de su propia experiencia, que cuando sus pacientes eran diagnosticados de una enfermedad, ésta empeoraba. El hecho de ponerle una etiqueta negativa, como por ejemplo cáncer o depresión, les hacía estar aún peor.

De la misma manera que los estados de ánimo negativos aceleran el proceso de una enfermedad, consiguió demostrar que lo contrario también era cierto, es decir, que un estado de ánimo positivo, puede conseguir retrasar los efectos negativos de la misma.

Si extrapolamos esto a nuestro día a día, si nos encontramos bajos de ánimos y nos hablamos mal a nosotros y a los demás, esta situación solamente empeorará. Lo mismo pasa al revés.

¿Te atreves a comprobarlo?

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